viernes, 30 de noviembre de 2012

Relatos: Allan Quatermain y la tribu de la Araña Cap. 3

 

Allan Quatermain se echó el contenido cubo de agua por encima y esto le hizo finalmente reaccionar y despertarse. La noche anterior acabó a altas horas de la madrugada, entre cerveza, whisky y juegos de cartas en la cantina del fuerte. Mientras se vestía recordaba con una sonrisa como compartió viejas historias, risas y vivencias con su antiguo camarada Edgar Mccoy. Su cabeza se sentía cómo si una manada de elefantes enloquecidos estuviese pasando por encima en esos momentos.
Demasiado alcohol y ya no era ningún muchacho y las borracheras se iban soportando menos según pasaban los años. Salió de su habitación, calándose su sombrero y decidido a desayunar y silenciar los gruñidos de su estomago quejoso.
Se pasó por el pequeño cuartucho en el que dejaron dormir a su amigo Umslopogaas, y observó con sorpresa que estaba vacío.
El padre Anthony Shaw pasó por su lado, ensimismado en la lectura de su vieja biblia, casi tropezando con él.
Le hizo un gesto con el sombrero saludándole.
         —Buenos días, padre, dígame, ¿ha visto a mi compañero?
El sacerdote, calvo y con una barba rubia algo descuidada, y unos colores en sus mejillas que denotaban que probablemente bebía algo más que el vino de los sacramentos le miró con sorpresa.
— ¿Su salvaje infiel? Creo que lo vi salir del fuerte apenas salió el sol, No me apena, no es buen lugar para los salvajes que no se sigan el camino del señor y sigan adorando a falsos dioses.
El padre se metió en el interior de la pequeña iglesia, dejando a Quatermain contemplando el trasiego de los soldados y los civiles que no cesaba entre los muros del fuerte. El cazador resopló y decidió que se tomaría un simple té, cogería su rifle y buscaría a su amigo.

 
Umslopogaas se inclinó, observando el rastro que llevaba siguiendo las últimas horas, si sus sospechas eran ciertas, no tenía mucho tiempo que perder.
Algo se movió en la espesura y el guerrero africano se puso en alerta, y tuvo apenas tiempo de advertir como una figura saltaba de uno de los árboles cercanos, cayendo en picado sobre él. Debido a la fuerza del impacto, soltó su pesada hacha y ambos rodaron por el suelo, un guerrero tribal, con una araña blanca que cubría gran parte de su rostro y que intentaba clavarle un cuchillo con insistencia. El poderoso Umslopogaas le dio un fuerte cabezazo a su atacante, que lo dejó aturdido, momento que aprovechó para quitárselo de encima y ponerse en posición de ataque. Era un hombre joven, pero fuerte, pero sus pupilas estaban completamente dilatadas, como si se hallase en algún tipo de extraño trance.
 
Ilustración de Jacobo Glez
 

Sus ojos se fueron a su caído hacha y esquivando el cuchillo de su oponente, que pesé a intentarlo, recibió una pequeña herida en el costado, llegó a su hacha y lo elevó con sus dos manos, cuando se hallaba dispuesto a ensartarle con su arma, por sorpresa, su enemigo le lanzó un polvo a los ojos que lo dejó cegado momentáneamente.
Con su vista nublada, sólo veía sombras, y con un salvaje grito, se preparó para recibir el golpe del guerrero, cuando escuchó el familiar sonido de un disparo.
         — ¿Te encuentras bien, amigo? —preguntó la conocida voz de Allan Quatermain.
Umslopogaas asintió, y se frotó los ojos, en unos segundos, recuperó su visión habitual.
Quatermain examinaba el cuerpo del hombre al que había fulminado con un certero disparo de su rifle, aún humeante.
       —Esta pintura en su cara… Es muy similar a la araña que vimos grabada en ese tronco…
      —El culto de la Araña, Macumazahn . —dijo simplemente el amigo del cazador inglés. —Es un simple explorador, una avanzadilla.
Quatermain fue a decirle algo, cuando un ensordecedor ruido lo llenó todo. El inglés y el africano se miraron,  y caminaron por entre los árboles y la maleza, hasta que llegaron a una pequeña ladera, desde podían contemplar algo que lo dejo boquiabiertos y sin saber muy bien que decir.
Innumerables guerreros, hombres altos y musculosos armados con lanzas largas, las caras con una araña blanca pintada en la frente, al igual que quien trató de acabar con Umslopogaas, acampaban, elevando los cánticos y los tambores, mientras danzaban y bailaban.
Allan Quatermain supo de inmediato que tenían que salir de allí rápidamente y regresar al fuerte. Era una cuestión de vida y muerte.

Edgar Mccoy se hallaba con los brazos cruzados, rodeado de sus lugartenientes y frente a su viejo amigo Quatermain y su fiel Umslopogaas. Estos llegaron corriendo y exigiendo una reunión con él y sus hombres, que era algo muy urgente.
       — ¿Y dices que era un gran número de guerreros? ¿De una tribu que desconoces? —
Preguntó preocupado el jefe del destacamento.
Quatermain bebió un largo trago de agua y después contesto.
       —Probablemente cientos, y no creo que sus intenciones sean precisamente amistosas, Mccoy. Tienes que pedir refuerzos, pueden estar aquí en cualquier momento, esta misma noche o al amanecer, pero atacarán, créeme.
Un soldado inglés soltó una risa burlona.
        —Con todos mis respetos, señor ¿tenéis que hacer caso a este hombre? Y aunque así fuese, son simples salvajes primitivos, no tienen nada que hacer contra los soldados del Imperio Británico, señor.
        —Confió plenamente en Quatermain, él lleva muchos años en estas tierras y las conoce como si hubiese nacido en ellas.
        —Y no debéis subestimar a los guerreros tribales, y menos a estos, ojala me equivoque, viejo amigo, pero me temo que no tendremos esa suerte. —dijo el cazador a Mccoy.
El oficial inglés se quitó su casco y las gotas de sudor resbalaban por su frente, y no era por el calor reinante, si no por la preocupación.
      —Está bien, Allan—dijo finalmente. —doble las guardas y que todo hombre que esté en disposición de llevar un arma este preparado y en formación en media hora. Envíen a dos soldados en busca del destacamento más cercano y pidan ayuda.
Los soldados se quedaron paralizados, como si no acabasen de comprender realmente lo que estaba sucediendo.
       — ¡Rápido! ¡No hay tiempo que perder!— ordenó Mccoy. 
—Esta anocheciendo, debemos prepararnos, va a ser una noche larga. —dijo Quatermain.

La noche llegó finalmente, e hicieron guardia vigilando en los muros que rodeaban el  fuerte. Un soldado llamado Sidwell silbaba una canción popular, mientras otro llamado James mordisqueaba un muslo de pollo de las reservas que se había traído para pasar la guardia, mientras Allan Quatermain observaban a la luz de las estrellas el paisaje que se podía observar. Umslopogaas se paseaba su hacha de una mano a otra inquieto.
       —Esta todo en calma, demasiado tranquilo…—Observó Quatermain  torciendo el gesto.
Se volvió hacía la su fiel amigo Umslopogaas, que apenas había hablado en las horas que llevaban allí.
      —Puede que os equivocaseis y no ataquen. —dijo esperanzado Sidwell.
Quatermain le hizo un gesto para que guardasen silencio e indicó que mirasen.
Una neblina que parecía surgida de la nada se oteaba en la noche, y entre la niebla, surgieron hileras de figuras de guerreros que avanzaban con paso firme, con sus largos  escudos y sus lanzas y lanzando gritos y cánticos.
Murudu contempló henchido de orgullo a sus hombres y con un desgarrador grito surgido del interior de su garganta comenzó a correr, y detrás suyo los guerreros Vikunga cargaron.
      —Ha empezado. —dijo Allan Quatermain cargando su rifle, mientras se daba la alarma en todo el fuerte inglés.
 
 
Continuará…

lunes, 26 de noviembre de 2012

Conoce a Morodo

Morodo, indómito y poderoso guerrero Sumai, nada podrá detener al guerrero africano y a su compañero Zula en su cruzada.En las páginas de La Maldición de la Diosa Araña.
Ilustración de Jose Baixauli

viernes, 23 de noviembre de 2012

Relatos: Allan Quatermain y la tribu de la Araña Cap. 2

Durante el resto del viaje, Quatermain se percató de que su compañero y amigo africano, el poderoso  Umslopogaas, que no le tenía miedo a nada ni a nadie, permanecía callado y con una expresión de desconcierto e incluso de temor que jamás le había visto en sus años de amistad.
—Dime, amigo mío ¿Qué te preocupa? —le preguntó el cazador al gigante africano.
—La Gran Araña. —contestó casi sin voz.
Allan Quatermain arrugó la frente.
— ¿La Gran Araña? He oído alguna vez ese nombre, pero casi nadie la menciona ni quiere hablar de esa deidad.
El africano  se puso serio.



Ilustración de Jacobo Glez




—Mi abuelo me contaba de pequeño que su mismo abuelo le explicaba que una vez fue un culto extendido en el continente, la Gran Diosa o Diosa Araña es una diosa cruel y que exige sangre y sacrificios en su nombre. Se dice que sus siervos acaban convertidos en criaturas semejantes a los insectos y con poderes horribles e inhumanos. Se le supone reducido o casi desaparecido hace generaciones, su culto fue repudiado por la mayoría de tribus, y perseguido por la legendaria tribu de los Sumai.
El cazador miró a su amigo con sorpresa.
—Los Sumai, los guerreros más salvajes y poderosos que jamás pisaron esta tierra. —comentó Quatermain. —O al menos eso se comentan en las viejas historias que se cuentan de poblado en poblado.
Umslopogaas sintió.
—Sus hazañas y su poder quedaron grabados en la memoria de innumerables pueblos, Pero no se supo más de ellos. —dijo el africano.
—Se perdieron en las páginas de la historia, incluso muchos dudan que fuesen más que semi-dioses inventados, leyendas para contar en las noches por los chamanes de los poblados. —añadió Quatermain. — ¿Entonces ese símbolo que vimos es del culto de la diosa araña?
Respiró hondo antes de  responder.
—Mi abuelo me lo dibujo varias veces cuando era un niño y se me quedó grabado en la cabeza, por su significado y la maldad que conlleva, Macumazahn.
—Esperemos que tus temores sean infundados, amigo mío. —dijo dándole una palmada en el hombro.
Umslopogaas asió con fuerza su enorme hacha e hizo un gesto de asentimiento, aunque sin mucho convencimiento.
Quatermain sabía que las supersticiones y las creencias influenciaban mucho a las gentes de África y había aprendido a respetarlas, e incluso tenerlas en cuenta en ocasiones, pues este gran continente era ya su hogar, casi más que el Imperio Británico.
No fueron conscientes de que unos ojos les observaban; un hombre negro, con una araña pintada en la frente, les espiaba y seguía todos sus pasos.
Sin incidentes en el transcurso del camino, y deteniéndose a descansar y dormir, acabaron llegando a un pequeño fuerte lleno de un destacamento de soldados del imperio británico, con sus casacas rojas y sus cascos blancos, además de una iglesia con un párroco que trataba de evangelizar a los nativos de los alrededores y algunos comerciantes que exportaban todo tipo de mercancías a las islas británicas.
Cruzaron las puertas del pequeño fuerte y el jefe del destacamento, un hombre pelirrojo, con ojos azules y un poblado mostacho se plantó ante Quatermain y le saludo.
— ¡El gran Allan Quatermain nos ha dignado con su presencia!
— ¡Edgar Mccoy! ¡Cuánto tiempo!
El oficial inglés y el cazador se fundieron en un abrazo.
—Hacía años realmente, cuando me destinaron el continente negro, tenía la sensación de que nuestros caminos se cruzarían en algún momento.
— ¿Aún eres capaz de aguantar tantas pintas de cerveza como en los viejos tiempos, Mccoy? —dijo el cazador dibujando una sonrisa.
—Hace un par  de días que nos llegó un cargamento de barriles, estas invitado a la cantina a comprobarlo esta noche, Allan.
Quatermain se quitó el sombrero y se secó el sudor de la frente.
—Será un placer, Mccoy, prepárate, ¡esta vez te lograré tumbar!
Mccoy pareció reparar en la figura imponente de Umslopogaas.
—Este debe de ser tu sirviente africano del que me han hablado ¿no?
— ¿Sirviente? En ningún caso, es un buen amigo, te presento al poderoso Umslopogaas. Me ha salvado la vida más veces de las que puedo recordar, así que se le tratará con respeto, como merece. —dijo Quatermain mirando seriamente al oficial inglés.
El jefe del regimiento suspiró.
—Si se porta civilizadamente, no tendrá problemas aquí, Allan, tienes mi palabra.
Quatermain asintió y despidió al oficial, que debía atender otros asuntos.
El cazador miró a su compañero.
— ¿Tienes hambre? Porque yo me comería un venado entero yo solo. Ven, a ver si alguien nos puede dar algo decente para comer.
 
 
Murudu dio un paso hacia adelante, entre las filas de sus guerreros, cuyos escudos y lanzas se contaban por centenares.
Caminaba con orgullo y satisfacción, sólo los más fuertes y resistentes se hallaban entre sus guerreros.
Quienes no se unieron a su tribu, y quienes no se doblegaron ni abrazaron la fe de la Diosa-Araña fueron muertos y sus supervivientes usados para los sacrificios rituales que le debían a la Gran Araña. Los débiles no tenían un sitio entre los suyos, todo el que no aceptase sus términos, caería. Nada ni nadie podría detenerles.
A cierta distancia, pero siguiendo muy de cerca sus movimientos, se encontraba la anciana Araye.
Una mujer se acercó al líder de los Vikunga, era ya mayor, aunque sin ser haber entrado aún en la vejez.
—Mi señor, te suplico que detengas esto, sólo traerá la perdición para los nuestros.
Murudu plantó su mirada en la mujer, y recordó como esta le crió como un hijo cuando sus padres murieron siendo apenas un niño.
—Es mi voluntad, Lenea, y nuestro destino.
La mujer le escupió con despreció.
— ¡Es esa vieja bruja quien habla por ti! ¡Con ella llegó el mal y nos engullirá a todos! —dijo Lenea señalando a la anciana.
El líder tribal la apartó de un golpe, y esta cayó el suelo, llevándose su mano a su rostro dolorido.
—Es la Gran Araña quien ha elegido a Murudu para levantar un imperio que nadie podrá detener, mujer. —inquirió Araye atravesándola con la mirada, con sus ojos inyectados en sangre. —La Diosa Araña exige que quienes estén en su contra perezcan bajo su poder.
La mujer comenzó a sentir un dolor agudo en el estomago, y empezó a toser y sintió como una bilis le subía por la garganta. Vomitó hasta que varias gotas de sangre asomaron, y con sorpresa y pavor, vio como pequeñas y negras arañas brotaron de su boca, abrieron surcos en su estomago y en su torso y en pocos momentos, su cuerpo estaba cubierto por completo por arañas que se removían devorándola hasta los huesos.
Murudu se volvió hacía su consejera y su sacerdotisa.
— ¿Era la voluntad de la Gran Araña?
La anciana asintió.
El jefe de la tribu contempló unos instantes lo que quedaba del cadáver de su madre adoptiva y de nuevo regresó su atención hacia sus guerreros.
— ¡Vikungas! ¡Estáis conmigo! ¿Me seguiréis para acabar con todos nuestros enemigos y los de la Diosa?
Un clamor estruendoso lo ensordeció todo. Los tambores sonaron con fuerza y los cánticos siguieron a los guerreros desplazándose y siguiendo a su líder.
La tribu de la araña marchaba para la guerra, y pobre de quien se cruzase en su camino….

Continuará...

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Como comprar la novela

Como sé que hay gente que lo de comprar por internet y demás, les da muchos reparos, voy a  explicar un poco como hay que hacer para comprar la novela en la Tienda de la web de Dlorean Ediciones.  En mi caso, hasta hace unos meses, yo mismo era un poco "receloso" del metodo, pero una vez ves que es sencillo y seguro, y rapido, pues uno se acostumbra a hacer compras via internet facilmente.
Tras entrar en la web, nada más entrar, esta la portada de la novela con un enlace, puedes darle ahi mismo, o ir al catalogo o a donde pone colección Savage. Una vez allí, le das a comprar y se añade a tu carro.
 
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Aceptado en todo el mundo – Puedes pagar con PayPal en miles de tiendas online, locales e internacionales y por supuesto en eBay.
Es lo que suelo usar para comprar en tiendas online, si viene la opción, por que es muy comodo, y seguro, pero eso va a gustos. Tambien pueden pagar con tarjeta, aunque no tengas cuenta en Paypal, y  puedes usar la opción de la transferencia bancaria.
 
 
 
Una vez hayas usado cualquiera de las opciones,  rellenas los datos(nombre, dirección postal etc) y en cuanto salga la novela a la venta(recordemos que ahora esta en pre-venta y es para reservarlo y que no te quedes sin tu ejemplar), te lo envian directamente a tu casa, en un plazo de uno a tres a dias apróximadamente.
 
 
 
Espero que esto os sirva para los que no estais habituados a este tipo de compras y veias que es sencillo y no muy complicado.
 
Y recordar, que podeis comprar la novela AQUI por 11,95 € y con gastos de envio gratis para toda España.
 

lunes, 19 de noviembre de 2012

Conoce a la Standartenfuhrer Vanessa Von Ulrich

Pura maldad, crueldad sin limites, magia arcana y ciencia... conoce a uno de los personajes de la novela:  La Standartenfuhrer Vanessa Von Ulrich en las páginas de La Maldición de la Diosa Araña.
 Ilustración de CalaveraDiablo
http://www.dloreanediciones.com/coleccion-savage/
 
 

viernes, 16 de noviembre de 2012

Ya puedes Reservar tu ejemplar!

Ya esta en preventa la novela en la web de Dlorean Ediciones!
 
 
LA MALDICIÓN DE LA DIOSA ARAÑA
En una carrera contra reloj, Jonathan Baker, conocido como La Garra, acompañado de su hermano de sangre, Morodo, su ayudante Pete Spencer y la misteriosa y bella germana conocida como Walkyria, tendrán que impedir que la Standartenfürer Vanessa Von Ulrich y las fuerzas de la Waffen-SS se hagan con el control de los hijos de la Diosa-Araña y así poder decantar la guerra de parte del Tercer Reich
Puedes leer el primer capitulo de la novela AQUI
 
Encuadernación: Rústica.
Tamaño: 21x15
Paginas: 200 aprox.
Atención: Este libro será publicado a mediados de diciembre. Si compra el libro ahora, está haciendo una reserva de su ejemplar que le será enviado una vez se publique. Reservelo ahora si quiere disfrutarlo estas navidades, antes de que se agote la 1ª edición.
Precio: 11,95 € -Gastos de envio gratis para todo España
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jueves, 15 de noviembre de 2012

lunes, 12 de noviembre de 2012

Relatos: Allan Quatermain y la tribu de la Araña Cap. 1

Otra de las cosas que vais a ir viendo por este blog son mini-relatos relacionados con el universo de "La Maldición de la Diosa Araña". Tanto relatos auto-conclusivos, como mini-seriales en varias partes.
Entre otros, se contará con ilustradores que embellecerán mis textos con su arte , como Jacobo Glez
Hoy estrenamos la primera parte del primer serial que podreís leer. Espero que os guste!
 

Allan Quatermain y la tribu de la Araña Cap. 1
 

"Murudu permanecía con los ojos cerrados mientras la sacerdotisa le pintaba con las pinturas de color rojo los ornamentos y los símbolos, en especial, la gran araña dibujada amenazante sobre la frente del líder de la tribu africana de los Vikunga.
La anciana terminó el ritual y depositó en la pierna del hombre un puñado de arañas, grandes y peludas tarántulas, venenosas y letales, que recorrieron su cuerpo tranquilamente, hasta quedarse posadas en sus hombros.
Los ojos del jefe de la tribu se abrieron repentinamente y agarró una de las arañas, levándola con sus dedos; la araña no reaccionó violentamente, ni intentó escapar cuando el hombre se la llevó a la boca, así que comenzó a masticarla y a devorarla, siguiéndole después el resto de arañas.
Sintió como la adrenalina se le disparaba en el cuerpo; una fuerza y vitalidad que le recorría por completo, insuflándole un poderío que jamás creyó poseer.
—Ya estás preparado, gran Murudu, la diosa-araña esta de tu parte y nada podrá derrotarte. —observó con adulación la anciana con una sonrisa macabra e inquietante, mostrando todos los dientes que conservaba, pese a la edad, inmaculados.
La anciana respondía al nombre de Araye, y calentó en un pequeño fuego unos hierros hasta que estos se pusieron el rojo vivo por el calor.
Araye le clavó los delgados hierros en el pecho, hundiéndolos en la piel como el cuchillo se hundía en la mantequilla.
Increíblemente, no sintió ningún dolor, ni la sangre brotó de las heridas realizadas.
—La diosa premia a sus seguidores, y nada podrá ya vencerte ni pararte, todas las tribus doblarán la rodilla ante tu poder, incluso el hombre blanco retrocederá ante tu avance.
Murudu se retiró los hierros con las manos y los dejó en un lado de la tienda. Su ceño se frunció.
—El hombre blanco… —se quedó pensativo unos instantes. — ¡Sí! Acabaremos con ellos, los expulsaremos de nuestras tierras para que no vuelvan jamás o los mataremos y saciaremos nuestra sed de sangre con su propia carne…
Salió de la cabaña y pudo contemplar con orgullo los cientos y cientos de guerreros que acampaban, velando armas y deseosos de seguir sus ordenes sin cuestionarlas.
Un montículo de piedra negra, con el sagrado símbolo de la diosa araña, presidía el poblado.
Meses atrás, su tribu era una más entre las del continente, antes de la llegada de Araye a su pequeño poblado. Como curandera, se ganó enseguida la confianza de Mbalo, el líder de la tribu, y entró en su círculo más cercano.
La anciana poco a poco intentó influenciarle, y acabó siendo la consejera del jefe de la tribu; no de forma oficial, pero todo el mundo sabía que lo era.
Su lugarteniente era Murudu, y cuando Mbalo no siguió los consejos de la anciana, que le apremiaban a acabar con sus tribus vecinas y reunir un ejército que sirviese a la diosa araña, a quien Mbalo no reconocía, fue en su segundo al mando en quien se fijó Araye.
Un día, la anciana le regaló unas piedras ornamentales llenas de pinturas a Mbalo, disculpándose por su atrevimiento; este las aceptó, junto a sus disculpas de buen grado y las colocó en el interior de su cabaña. Cuando descansaba a la noche siguiente, las piedras se abrieron y, de dentro de las mismas, surgieron unas extrañas y abominables arañas, que le picaron, dejándole paralizado con su veneno. Lentamente le fue consumiendo por dentro hasta dejarlo convertido en una carcasa vacía y putrefacta.
Al día siguiente, Murudu fue nombrado el nuevo señor de la tribu, e instauró la única religión posible, el único dios al que podían adorar fue, a partir de entonces  y para siempre la diosa araña.
 El líder tribal elevó su lanza y su escudo y como un solo hombre, sus innumerables guerreros se alzaron como uno solo.
Y mientras tanto, Araye sonreía con una mueca desagradable y repulsiva.

Ilustración de Jacobo Glez

El cazador inglés se inclinó y observó el terreno, se apoyó en su rifle y se volvió a levantar. Era un hombre con el cabello encanecido, y con una barba a juego; sus días de juventud ya eran cosa del pasado.
—Un sendero tembo. —indicó a uno de los hombres que le acompañaban.
El hombre, algo entrado en carnes, y que parecía completamente fuera de lugar puso cara de extrañeza.
— ¿Tembo?
—Un sendero de elefantes. —contestó un nativo africano que se les acercó, lo que hizo incomodar al hombre. Era alto y fuerte, y apoyaba un hacha en sus grandes hombros.
—No tema, señor Keth, Umslopogaas no se come a nadie, en su tribu hace tiempo que se dejó de comer carne humana…
La cara de Keth fue todo un poema, y Allan Quatermain se echó a reír. Su amigo africano le imitó.
—Será mejor que no nos alejemos, en otra ocasión le llevaré a cazar elefantes, pero nos esperan en el fuerte.
Keth tragó saliva y asintió. Siguió a Quatermain y a su amigo africano a reunirse con los porteadores y la pareja de soldados ingleses que les acompañaban en su viaje.
Se internaron en la frondosa selva, cruzando al lado de árboles con troncos enormes como casas, gruesas raíces, cantos de pájaros y gritos de monos que se movían de rama en rama de los árboles.
Tras caminar durante unas horas, Umslopogaas se detuvo ante el tronco de un árbol, observando algo que le acababa de llamar la atención.
Allan Quatermain se puso a su lado y sus ojos se posaron en una marca tallada en el tronco, era una especie de forma, que le asemejaba a una araña y un símbolo que la envolvía.
— ¿Cuál es su significado, Umslopogaas? —preguntó el inglés.
El africano pareció rezar a alguno de sus dioses y después se volvió hacia el cazador.
—Es dawa, Macumazahn.1
Quatermain se quitó su sombrero y se acarició su barba, dawa era un termino para referirse a las fuerza mágicas. Según algunas creencias tribales, se encontraba en todas partes, en las plantas, en la tierra, en los animales, en el cielo.
— ¿De qué tipo de dawa hablamos?
Una sombra cruzó en el rostro del africano.
—De la peor posible, la más oscura y terrible.
Quatermain se volvió a poner su sombrero y sujetó su rifle, observando como uno de los soldados le hacía indicaciones de que volviesen a unirse a ellos.
—Vámonos, amigo mío. —dijo con un mal presentimiento que comenzó a crecer en su interior."
 
Continuará...
 
1 Macumazahn  “el que vigila en la noche”

viernes, 9 de noviembre de 2012

WALKYRIA

¿Quien es la misteriosa Walkyria? Descubre cómo es y como actua la dura e intrépida alemana , te enamorarás de ella...O la odiarás?espera a leerlo en las páginas de la Maldición de la Diosa Araña

Ilustración de Jose Baixauli
 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Jonathan Baker y Walkyria

Jonathan Baker "La Garra" y Walkyria para la Maldición de la Diosa Araña.
Una pareja de aventureros que dará mucho que hablar...

Ilustración de Nestor Allende

 

lunes, 5 de noviembre de 2012

La Maldición de la Diosa Araña: Zardi el anticuario...

¿Quien es Zardi y que se oculta en su misteriosa tienda de antiguedades? ¿que innumerables secretos conoce? en la Maldición de la Diosa Araña se desvelarán todos los interrogantes...
Ilustración de Jose Baixauli